14/12/2018


   Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos de Ben Marcus con unos pinitos en pedantería a cargo de Rubén Martín Giráldez.
   Pienso en músicos de jazz que suelo escuchar de fondo, como un aroma que calma y activa, mientras estudio o escribo. También pienso en los que tengo que estar escuchando concentrado porque si no, no tendría sentido, jamás podría apreciar ni medio minuto sus composiciones: John Zorn, Mingus, Ornette Coleman, Steve Lacy... Pienso en Simmias de Rodas, Góngora, Sterne, Jarry, Artaud, Vallejo, Burroughs, Arrabal, en la argumentación defendida por Marcus y Giráldez aquí, en este fuego de petardos de quiosco contra panzerkampfwagen y... No sé. Qué lejos está este libro de la gente, de los millones de planes de fomento de la lectura que se cuentan por cada pueblo o ciudad del mundo y, a su vez, qué maravilla ha sido leerlo. Hacía tiempo que no me estimulaba tanto una polémica sobre los valores estéticos de la literatura, saturado de tanto “comepollismo” interesado y mediocre como el que practicamos o de broncas digitales de grandes expectativas que luego se reducen como una jibia en la plancha.




   La réplica herculeana de Ben Marcus al ataque de un Franzen encumbrado no tiene precio. Da lo mismo que seas “franzeano” o “marcusiano”, es un beef hipermodernista con el sello del siglo XXI que ningún amante de los fundamentos del arte debería perderse, y tampoco el despliegue de trallazos tan inteligentes que hace Giráldez, salpicados de observaciones autoparódicas descacharrantes.
   Tengo el libro subrayado en casi todas sus páginas, pero no voy a copiar ningún fragmento de interés, porque tendría que copiar mucho y porque invito, a quien quiera acercarse a esta contienda, a que pague la entrada correspondiente por tan jugoso espectáculo.
   Enhorabuena a ambos karatecas de la crítica. Bravura y precisión demostrada.
   ¿Cómo era eso de que el final de las trifulcas y los jaleos literarios no debía ser el triunfo sino un camino de perfección? Pues ahí andamos.

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