Por qué la literatura experimental amenaza con destruir la edición, a Jonathan Franzen y la vida tal y como la conocemos de Ben Marcus con unos pinitos en pedantería a cargo de Rubén Martín Giráldez.
Pienso en músicos de jazz que suelo escuchar
de fondo, como un aroma que calma y activa, mientras estudio o escribo. También
pienso en los que tengo que estar escuchando concentrado porque si no, no
tendría sentido, jamás podría apreciar ni medio minuto sus composiciones: John
Zorn, Mingus, Ornette Coleman, Steve Lacy... Pienso en Simmias de Rodas, Góngora,
Sterne, Jarry, Artaud, Vallejo, Burroughs, Arrabal, en la argumentación
defendida por Marcus y Giráldez aquí, en este fuego de petardos de quiosco contra
panzerkampfwagen y... No sé. Qué
lejos está este libro de la gente, de los millones de planes de fomento de la
lectura que se cuentan por cada pueblo o ciudad del mundo y, a su vez, qué
maravilla ha sido leerlo. Hacía tiempo que no me estimulaba tanto una polémica
sobre los valores estéticos de la literatura, saturado de tanto “comepollismo” interesado
y mediocre como el que practicamos o de broncas digitales de grandes
expectativas que luego se reducen como una jibia en la plancha.
La réplica herculeana de Ben Marcus al
ataque de un Franzen encumbrado no tiene precio. Da lo mismo que seas “franzeano”
o “marcusiano”, es un beef
hipermodernista con el sello del siglo XXI que ningún amante de los fundamentos
del arte debería perderse, y tampoco el despliegue de trallazos tan
inteligentes que hace Giráldez, salpicados de observaciones autoparódicas
descacharrantes.
Tengo el libro subrayado en casi todas
sus páginas, pero no voy a copiar ningún fragmento de interés, porque tendría
que copiar mucho y porque invito, a quien quiera acercarse a esta contienda, a
que pague la entrada correspondiente por tan jugoso espectáculo.
Enhorabuena a ambos karatecas de la
crítica. Bravura y precisión demostrada.
¿Cómo era eso de que el final de las
trifulcas y los jaleos literarios no debía ser el triunfo sino un camino de
perfección? Pues ahí andamos.

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