12/2/2026


   Menos mal que Sara Madrid Jordán no va de escritora niña bonita ni de profeta generacional, más bien parece alguien que ha mirado demasiado tiempo a los espejos y ha decidido sacudirlos, aunque se rompan.
   Expresa ganas de vivir —probar frutas en Curazao, vestir seda, sostener el ardor—, pero siempre con una grieta en el vaso. Las joyas que pule son también pensamientos que cortan. Noto una sangre emparentada con Pedro Casariego Córdoba en ese gusto por la imagen que se dobla sobre sí misma y dice más de lo que explica.
   Silvia, Lilia y Mar son presencias, nombres propios que se sientan a la mesa, se pican entre ellas, se desean, se leen el cuerpo en braile o se decapitan simbólicamente y siguen siendo altísimas. Hay muchísimo juego en esa pequeña crueldad lúcida sobre cómo se miran las mujeres entre ellas, ese amor, esa complicidad.
   El libro avanza, podría quemarse, con todos los riesgos que esta poesía implica, pero no lo hace, y cuando habla de locura, de seducción que se acaba, de la sombra de la soledad mortal, entiendo que estas Mentirijillas son las únicas verdades que ha valido la pena dejar escritas.
   Saludo la frescura de esta nueva autora y brindo por el descaro elaborado de su voz.
 
quien sabe que sobra no se divierte
quien ríe ya ha jugado




Comentarios

  1. Tu poesía tiene también algo de descaro jjj. Reseña de millones. PD: Juande, al yo poético de la autora le pasa lo que a mí que "se dobla sobre sí misma y dice más de lo que explica", aunque es difícil, como no me callo ni debajo del agua. Ya quisieran muchos autores que le reseñaran su obra, entre ellas, yo, si lo fuera. Gracias por DARME CONTENIDO. Quiero las máquinas....Ya sé cuál es el próximo libro que me compraré. Sigue así

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