30/1/2023


   Hoy justamente cumplo un año sin fumar. He sido —no sé por qué me atrevo a hablar en pasado, como si mi adicción estuviese ya superada; qué osadía por mi parte— fumador disfrutón durante más de tres décadas, por lo que todavía me acuerdo del tabaco a diario varias veces, que siempre coinciden con el “después de”: después del desayuno, después del ayuntamiento carnal, del almuerzo, de la cena, de ir al baño, al salir del trabajo... Nada extraordinario que no sienta cualquier persona que esté intentando abandonar este vicio.
   Debo mantener la cabeza ocupada en otras cosas. Eso no me está costando tanto, ya que cargo sobre los hombros una locomotora mental pasada de revoluciones desde que tengo uso de razón. Mi madre solía decir ante alguno de mis atropellos: «Dejadlo. El Juanico es que es así, un poco flipado».




   Las ocasiones más difíciles desde que el 30 de enero de 2022 tomé esta decisión se dan cuando me encuentro en un sarao. Si el perfil de la fiesta es cultural, la cosa empeora, ya que el artisteo suele aumentar el nivel de impostura autodestructiva. Aún así, hoy muchos jóvenes creadores rechazan el humo real —hacen a veces el tonto con vapor de melocotón y esas cosas— y los de mi generación en adelante estamos colgando progresivamente los “malos” hábitos del rocanrol. El pasado fin de semana, sin ir más lejos, estuve en una reunión de terraza con ese perfil humano lúdico-ilustrado. Tuve una batalla psicológica que librar mientras la camarera nos servía la primera copa, pero, en honor a la verdad, casi nadie fumaba. Ni tabaco, ni marihuana. No se fumaban ni su ego, que ya podrían algunos.
   Cuando alguien con quien no tengo mucha confianza me pregunta qué tal lo llevo, suelo contestar: «Bien, aunque ya no soy feliz». Lo hago para provocar una reacción en el interlocutor y divertirme un poco. Si ese diálogo ocurre estando mi mujer presente, aunque ella conoce a la perfección estos ligeros divertimentos teatrales de su marido, después me llama la atención en casa: «No digas más tonterías así a la gente, que se van a creer que eres infeliz de verdad». «Es que desde que me dejé el tabaco lo soy», le contesto de inmediato, serio, mirándola fijamente. Y una carcajada mutua estalla en la cocina o en el salón, acompañada de una nalgada.

Comentarios

  1. Tú puedes y ya has conseguido estar un año sin fumar ,cuando te des cuenta estás juntando con tus nietos y recordando que en 2022 dejaste de fumar . Te lo aseguro Juande .

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    1. La idea de los nietos significaría que voy a durar más tiempo del que creo en este mundo, así que me ha gustado. Gracias por tu comentario.

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  2. Ayuntamiento carnal...🧐🤔😆

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  3. Y yo que fumo como murciélago!🙄

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